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MATAIS A LOS SANTOS INOCENTES

28/12/2009

Hace 2000 años Herodes ordenó matar a los Santos Inocentes, porque un niño recién nacido amenazaba su cómoda vida de rey poderoso. Hoy en día, cada día, miles de niños son matados porque amenazan nuestros planes de vida, nuestro modo de vida, nuestro trabajo, nuestra comodidad, nuestra idea de lo que es un ser humano políticamente correcto.

Una ideología de muerte, que nos nombra señores de la vida de los demás, nos ha invadido de tal forma que ya ni nos damos cuenta de las aberraciones que cometemos.

No hace ni un mes un sacerdote contaba así su conversación con una Consejera de Sanidad de una Comunidad Autónoma Española:

“Estamos muy contentos, este año en nuestra Comunidad no ha nacido ningún niño con síndrome de Down”, dijo la Consejera.

“Claro, porque los habéis matado”, le contestó el sacerdote.

Los matamos todos los días, e incluso gente que se declara contraria al aborto cambia de idea según las circunstancias (todo cambia cuando la embarazada es mi hija de 17 años, mi sobrina a la que un embarazo estropea la vida de universitaria brillante, una niña violada por un sádico, o cuando un embarazo me complica mi futuro profesional).

Pero el valor de un ser humano no depende de sus circunstancias, su vida no puede ser capricho en manos de otro. Un niño no vale más por ser sano, por ser inteligente, por ser deseado, ni desde luego por nacer en una familia de buena posición económica.

NO EXISTE EL DERECHO A MATAR A OTRO SER HUMANO, no tenemos derecho a destruir a otro ser humano porque no nos sea cómodo, correcto, adecuado, útil. Y esa idea tan elemental de que el ser humano es valioso en si mismo, es el germen sin él que no hay derecho humano posible, ni progreso, ni solidaridad, ni justicia. Por el contrario, si aceptamos que tenemos derecho a matar a otro ser humano, que tenemos derecho a elegir si el otro vive o muere en función de nuestras apetencias y deseos personales estamos quebrando la base de nuestra sociedad.

Y por tanto todos tenemos la obligación de defender la vida del no-nacido, porque defendiéndoles a ellos defendemos nuestra propia vida. Que esa defensa, en todo tiempo y lugar, sea nuestro compromiso a partir de ahora.